sábado, enero 28, 2006

El relato

Este es un hecho real. No es invención. He tratado de que no hubiera ninguna interferencia externa. Pero es muy difícil. Trataré de todos modos de ceñirme sólo a hechos y a frases exactas de los protagonistas. Que no se diga que no he intentado ser justo.

El relato viene de la experiencia que ha tenido mi mejor amiga con un chico. No pondré nombres, ni siquiera ficticios. Serán sólo 'la chica' y 'el chico'. Por supuesto, esto es un relato que viene de la parte de la chica y además, de segunda mano, ya que lo escribo yo. Así pues, se deberá confiar en mi memoria y en la de la chica. Y se deberá recordar también el hecho de que son las cosas vistas desde la posición de la chica.

Aún así, como ya he dicho antes, intentaré ser lo más ecuánime que pueda y trataré por todos los medios de contar las cosas con la mayor neutralidad posible.

Mi amiga conoció por casualidad a un chico. Por casualidad empezaron a verse muy a menudo y por casualidad también, acabaron pasando mucho tiempo juntos. A mi amiga la verdad es que no le gustaba el chico. Le parecía una persona superficial. Un poco niñito y desde luego, no muy guapo. Y aunque le gustaba cómo vestía, lo cierto es que no le hacía mucho caso.

Lo cierto es que a mi amiga le gustaba el amigo del chico. Pero cada vez que trataba de hablar con él a ver si podía haber algo, este siempre se escapaba y acababa cantando alabanzas sobre su amigo, el chico. Y mi amiga siempre contestaba que aquel no le hacía mucha gracia.

Hace dos veranos el chico y su amigo estuvieron en la playa una semana. Al volver se pusieron a hablar con la chica y el amigo comentó que el chico se había ligado a la chica más guapa del bar al que habían ido de marcha ese fin de semana. La descripción fue bastante explícita. El chico se había beneficiado a la chica. Por la impresión de mi amiga parecía que lo habían hecho en un portal o en un coche. A mi amiga la liberalidad en forma de hablar del chico no le gustó mucho. Le preguntó sobre el día siguiente y el chico contestó que era un rollo de verano y que al día siguiente si te he visto no me acuerdo. Que no había nada de lo que arrepentirse. Bueno -dijo la chica-, ¿y si le gustas y te dice que quiere verte otra vez? Pues se le da un número falso -contestó el chico rápidamente. Eso si que no le gustó nada de nada a la chica. Pero como no era su problema y el chico no le importaba, no dijo nada más.

Pero pasaron los meses. Y por casualidad empezaron a hablar más a menudo. Y la chica empezó a ver cosas en el chico que no había visto antes. Vio que no era tan niño como le había parecido. Vio su forma de ser y le gustó. Pero sobre todo, vio su gran corazón y no le gustó. Le encantó. Era un corazón hermoso, grande. Brillaba más que el sol. Dulce como una noche cálida de verano llena de estrellas. Era la cosa más hermosa que la chica había visto jamás.

Le gustó tanto que dejó de lado todo lo demás. Y empezaron a enredar. Ya se entiende a lo que me refiero. Mucho jaja, jiji. Muchas insinuaciones, muchas risas. La chica no estaba segura del chico, la verdad. Pero con ese corazón, con ese corazón y con esos ojos con los que la miraba. Ella empezó a confiar. Y siguieron enredando. Mensajitos, mails, ya se sabe.

Una noche quedaron a cenar. Y mientras hablaban el chico le planteó tres dudas a la chica. Una era que porqué antes ella no se había fijado en él. Ella le contestó que antes no lo conocía más que superficialmente y que para conocer a alguien a veces se necesita tiempo. El chico pareció aceptar la respuesta. La otra duda era que porqué a otros chicos los trataba igual que a él. ¡Caramba! Pensó mi amiga. ¿Qué es esto? ¿Celos? ¿Inseguridad? Mi amiga no lo sabía, pero le aseguró al chico que no había ni punto de comparación entre lo que hablaba y les decía a otros chicos que lo que hablaba y le decía a él. De nuevo pareció que la respuesta le era válida.

La tercera duda mi amiga no la recuerda. Si que recuerda que la rebatió exactamente igual que había rebatido las otras. Y con la misma reacción positiva aparentemente por parte del chico.

Durante la cena, la chica le tiró los tejos al chico. Y el chico le dijo que no. Mi amiga le contestó que no lo volvería a molestar más. Y el chico respondió: "¡Pues si que te rindes pronto!". Eso a la chica le pareció algo positivo. Nunca pensó que él no estuviera hablando en serio.

Varios días después, volvieron a quedar a cenar. Y yendo en el autobús al restaurante, empezaron a besarse. Cenaron tranquila y alegremente. Al acabar la cena, la chica acompañó al chico a casa. Antes de llegar se sentaron en un banco en la calle, cerca de la casa del chico. Y empezaron a besarse de nuevo. El chico acabó disfrutando de las caricias y los besos de la chica en cuatro ocasiones. Y no fueron más de casualidad. A la chica no le parecía un lugar muy adecuado para lo que estaban haciendo, pero no iba a perder la oportunidad de estar con el chico.

Mientras llegaban a casa del chico, este se dio cuenta que ella no había disfrutado del momento tanto como él. Y se lo dijo. La chica contestó que con que él hubiera disfrutado, se daba por contenta. Y aunque era verdad, también era verdad que el lugar donde estaban no le parecía el sitio más adecuado para ir más allá.

Durante más de dos semanas todo fueron besos y abrazos. Besos en el autobús, abrazos en las paradas. Fueron días de 'corazones y princesas'. Fueron para mi amiga días de FELICIDAD. Que no de felicidad o de Felicidad.

Un fin de semana la chica le dijo que sus padres no estaban en casa y que se pasara por la tarde. La cosa era bien clara. Pero el chico dijo que tenía cosas que hacer esa tarde. Las cosas que tenía que hacer las habría aparcado la chica sin dudarlo para estar con él. Pero para él eran importantes. Así que la chica le dijo que estaba bien. Que las hiciera. Pero que le sentaría muy mal si no las hacía.

A las 20:40 de esa tarde la chica recibió el siguiente mensaje en el móvil: "No estés triste. Yo también quiero quedar contigo. Sólo es que tengo que poner un poco de orden en mi caos. ¿Me ayudarías? He dormido una siesta de tres horas. Muchos besos." Aquello le pareció una burla a la chica y le mandó un mensaje muy hiriente. Luego se arrepintió un poco y le mandó un mensaje de apoyo diciéndole que contara con ella.

Al día siguiente la cara del chico era un poema. Triste y serio. La chica se asustó de verlo así. Intentó hablar con él. Fue muy difícil, pero al final lo consiguió. No recuerda la conversación con exactitud. Pero si dos de sus frases: "Te mandé ese mensaje porque yo también quería estar contigo" y "Me has causado mucho estrés." La chica se arrepintió más profundamente de lo que jamás se había arrepentido de hacer algo. Sobre todo viendo el estado en el que parecía estar el chico. Así que fue divertida para él. Y le hizo bromas y le animó hasta que pareció que el chico volvía a estar como antes. ¡Ufffff! Pensó mi amiga. Casi la cago del todo con él. Y no es eso lo que quiero. No se lo merece.

A los días de ese caso, el chico tenía que irse de viaje al extranjero. Tres semanas sin verle. Así que mi amiga le dijo que lo iba a olvidar con tantos días. Si ni siquiera tenía una foto de él.

Al día siguiente el chico le trajo una foto y se la puso en la cartera a la chica.

El día antes de irse, quedaron para verse en un bar. Hubo de nuevo besos y caricias. El chico sabía que a la chica no le hacía gracia que se fuera de viaje. "No estés triste", le decía. Curiosamente no se daba cuenta que la chica habría hecho cualquier cosa por haber ido con él en aquel viaje o en cualquier otro. Habría hecho cualquier cosa que a él le gustara. Incluso llegó a comprarse ropa que a ella no le gustaba y ponérsela sólo por él. Pero esa es otra historia en la que no voy a entrar ahora.

Entre besos y caricias, la chica miró al chico a los ojos y le dijo: "Cualquier cosa que te haga feliz a ti, me hace feliz a mí. Si irte de viaje te hace feliz, yo soy feliz".

Entre besos, el chico le preguntó que quería que le trajera de recuerdo del viaje. La chica le contestó: "Vuelve tú. Sólo quiero eso. Tú. No me traigas nada más que a ti."

La chica asegura que uno de los besos que se dieron aquel día es "inolvidable".

Y el chico se fue de viaje con la promesa de la chica de escribirle un correo electrónico todos los días que estuviera fuera. Y la chica cumplió. Todos los días un correo. Correos dulces y románticos. Correos de amor. Con fotos de sitios hermosos y con piropos para él. Uno cada día sin falta.

Él respondió a muy pocos. A la chica eso le daba miedo, pero bueno, era lógico. No siempre podía el chico acceder a un ordenador.

Y al fin el chico volvió.

Y si te he visto no me acuerdo.

Ni una llamada. Ni un mensaje. Nada. Al menos nada personal. No como antes.

La chica intentó hablar con él. Intentó verlo. Fue difícil, pero lo logró. Y no hubo besos, ni caricias, ni abrazos sin pedirlos.

Pero la chica no podía dejar de pensar en cómo era el chico. No me dejará abandonada sin nada. Algo me dirá.

Al final coincidieron y la chica le planteó al chico aquello del: ¿qué pasa con esto? Y el chico contestó que tenía dudas. Bien, vale, pensó la chica. Las dudas no son malas. Todos las tenemos. Pueden venir de miedo a no saber lo que yo sienta o a no estar seguro de lo que pueda pasar. Pues que no sea por inseguridad, se dijo la chica. "Yo no tengo dudas" dijo mi amiga al chico. "Yo me arriesgo". Eso le dijo, confiando en el corazón del chico. Me arriesgo. Con todas las consecuencias. Con valor. Para darle confianza a él y que hiciera lo mismo. ¿Cómo puedo plantear algo así y no arriesgarme yo? Se decía. Habría sido completamente ilógico para ella no arriesgarse. No arriesgarse por él.

Pero la dejó con las dudas. "Tengo dudas".

Y pasaron las semanas. Y las semanas fueron un mes. Y las semanas pasaron. Y no había respuesta a las dudas. Como si nada. Mi amiga seguía siendo atenta y amorosa con él. Mi amiga es muy detallista. Y en esas fechas tuvo montones de detalles con él. Confía en mí. ¿Qué mas necesitas para confiar en mí? Eso le quería decir a él con cada uno de esos detalles.

Pero no había forma de quedar a hablar con él.

Al final lo consiguió. Un día de mucho calor quedaron en un bar. Y el chico se dedicó durante la media hora que estuvieron en el bar a criticar todas y cada una de las decisiones y acciones de la chica durante la semana previa. Sin piedad. Tratándola como si fuera peor que una adolescente.

Y mi amiga aguantó el chaparrón. Pensando en el daño que le estaba haciendo. Así que al final la chica le preguntó: ¿Qué hacemos pues con esto? Y con un hilo de voz, que casi no se le pudo oír, el chico dijo: no. No y nada más.

Aunque la chica ya lo esperaba, no por ello dejó de ser horrible para ella. Un no sin más. No un no de película romántica donde hay una explicación mas o menos coherente y una esperanza de una vida futura mejor. Fue sólo un no.

A partir de aquí, no consideraré a ninguno de los dos inocente de sus actos. Ya se sabe cómo son estas cosas. Aunque se me permitirá considerar a mi amiga mucho menos culpable que a él. De hecho, creo que en la mayoría de las ocasiones fue demasiado buena con él. Pero ella quería saber cuales habían sido los sentimientos de el durante esas semanas de FELICIDAD. Y él no decía nada.

Así que le atacó. Le atacó con saña. Sin piedad. Lo mismo que ella había sentido que tenía que pedirle a el perdón, no entendía que él no tuviera que pedirle perdón a ella. Lo que oyó de el fue: "Lo siento". Que no es en absoluto ni parecido a pedir perdón. La única mención a la palabra perdón por parte del chico fué la siguiente frase: "me perdono y te perdono". Una frase que la chica cree debería estar en los anales de la Historia. Me perdono y te perdono.

Aún así, mi amiga no tenía ni idea de los sentimientos del chico. Y seguía queriendo saber cuáles habían sido. Hace dos meses consiguió recibir el siguiente correo de él:

"Sólo somos conocidos. Acuérdate de eso, para poder acabar con todo esto de una vez por todas. Dijiste que no tenías claro cuales eran mis sentimientos, pues bien, aquí va: nunca he estado enamorado de ti y nunca he sentido atracción por ti. Simplemente quise conocerte y sentía quería ayudarte a parte de ver si podía surgir algo, pero nunca surgió. Vi las cosas buenas que hay en tí, y por eso dí una oportunidad, diciéndote de antemano las dudas que yo tenía. Para mí no ha sido una relación. Y por favor no quiero volver a escuchar nada de este tema ni escuchar que hablas o escribes sobre esto. Ya sabes lo que tienes que hacer y es olvidarme y olvidarte de lo que pasó (para eso debes devolverme la foto). No quiero volver a hablar de esto. Espero que te haya quedado todo muy claro ya. Yo te ofrezco mi ayuda como amigo, pero no debes tomar esto como un interés por mi parte de tener algo contigo.

Soy tu amigo."

Ya hace más de seis meses del no. Y más de dos de este mensaje. No sé si queda claro en este relato cómo se ha sentido mi amiga. O cómo se siente. Hay más detalles que no he puesto en este relato por no alargarlo así que no sé si he sido claro. Pero lo que si sé es que me siento inútil porque no puedo hacer nada por ella. Conseguí que se sintiera mejor cuando le hice darse cuenta que, según los hechos y detalles ella me contaba, estaba seguro de que le había gustado. Le dije: "¡Fíjate! Le has tenido que gustar". Y eso si que la animó. Bueno, le gusté. Al menos le gusté, se decía. Eso si es positivo.

Y después este mail.

¿Qué puedo hacer por ella ahora?

PS: Un día de esos en los que mi amiga estaba plenamente destruída, el chico se puso a cantarle esta canción. Para mi amiga fue un momento horrible el de esta canción. ¡Es una canción para un rollo de una noche! Y lo primero que hizo mi amiga fue avisar, tanto al chico como a su amigo, que ella no estaba para rollos. Que no quería ningún rollo. ¿Cómo podía imaginar que le iba a sentar bien que le dijera que no había sido un error? Había confiado en él.

PS2: Tanto el amigo del chico como el chico le dijeron a mi amiga que si sus relaciones siempre le habían ido mal, que mirara a ver si es que no había algo malo en ella. Seguramente, al ver lo mal que estaba mi amiga, su intención era animarla con estas palabras.

PS3: El chico le dijo a mi amiga que se fuera de viaje. A ver si se distraía con eso. A mi amiga no le gusta viajar, pero por circunstancias de la vida, se fue de viaje. Todos los días de ese viaje encontró algo que le hizo pensar: "Que bonito regalo sería esto para él." Nada mejor que ir de viaje para distraerse y cambiar de vida. Sí, señor.

No hay comentarios: