jueves, febrero 01, 2007

Ayer amaneció dos veces

Ayer me ocurrió la cosa más normal y rutinaria que me ha pasado en la vida.

Estaba tumbado en la cama, ni despierto ni dormido, cuando empezó a amanecer y un poco de luz empezó a filtrase por la ventana.

No podía dormir pero no me despertaba, así que encendí la cadena de música y empezó a sonar “Antony and the Johnsons”.

Poco a poco la claridad empezó a aumentar. Unos pajarillos empezaron a canturrear y, justo cuando los tonos grises ya dominaban a los negros, estos volvieron a tomar fuerza, la luz fue apangándose, el breve día acabó.

Los pajarillos se callaron sorprendidos por la inusual y rutinaria brevedad del día, volvieron a sus nidos y el silencio se adueñó de Zaragoza otra vez.

“Antony and the Johnsons” seguía sonando en la cadena cuando el segundo amanecer empezó. Esta vez era, como todos los días, el amanecer definitivo, el que vencería a la noche definitivamente.

Otra vez los pajarillos volvieron a cantar, indecisos al principio por no saber si esta vez sería una falsa alarma o no.

Poco a poco los sonidos de la vida en la ciudad fueron aumentando. Me desperté completamente. Cerrando los ojos sonreí, como hago todos los días.

He pensado mucho sobre este hecho que se repite una vez sí y otra también durante toda la historia de este planeta, que los nativos llaman Tierra.

Este efecto, si mis conocimientos de astronomía cuántica no fallan, se llama efecto Julius y es bien conocido en mi planeta. No tengo ningún reparo en admitir que he visto triples amaneceres en sistemas con dobles estrellas.

Os podría explicar el funcionamiento, pero no tengo suficiente papel en este momento para el esquema gráfico necesario. Tal vez otro día de dos amaneceres os lo cuente.

Lo que me sigue sorprendiendo es que, vosotros, pequeños seres basados en la biología del carbono, no os deis cuenta de este hecho.

Ya sé que mi biología, basada en el silicio, es intrínsecamente diferente de la vuestra pero, aún así, no hay ningún impedimento físico, químico o trigonométrico que os impida daros cuenta del efecto Julius.

Me he estado fijando últimamente por si hubiera alguna razón extraña que os obligara a cerrar los ojos y permanecer en estado catatónico durante el primer amanecer, y no he encontrado nada de nada.

Siempre que he pasado en compañía un amanecer me he fijado que, aun teniendo los ojos abiertos como platos, no os dais cuenta del primer amanecer.

Tal vez sea debido a esa cosa que llamáis montada, digo Montana, digo montaña, digo cerebro. La verdad es que nunca he sabido muy bien para que vale el cerebro ese. Y es que mucho pensar, mucho pensar para acabar perdiéndoos un amanecer. ¡No nos podemos pasar la vida pensando¡ ¡Nos vamos a cansar de tanto pensar!

Lo que me parece más curioso es que aquí todo el mundo piensa y después de pensar ¡os intentáis poner de acuerdo! ¿Pero cómo se van a poner de acuerdo un grupo de personas si todas ellas piensan?

No sé cómo haré para reportar esto cuando vuelva con los míos. Lo más probable es que omita este comportamiento por el bien de la simplicidad del informe, ¿no os parece?

2 comentarios:

Aylandara dijo...

Si pensasemos menos, todo sería distinto, desde luego.
Seríamos capaces de no perdernos ni un sólo día "doblemente amanecido"...

Juan Carlos dijo...

Muy simpático el pensamiento.. yo busco algo sobre el día que amaneció dos veces, esto trata sobre algo muy real y es cuando el sol después de amanacer normalmente, se oculta por un eclipse y vuelve a nacer nuevamente..