viernes, abril 06, 2007

El discreto encanto de la publicidad

Ley de Lem
Nadie lee nada; si lee, no comprende nada; si comprende, lo olvida enseguida.


[...] La publicidad es ahora objeto de culto como una Nueva Utopía. Esas horribles o aburridas cosas que se ven por televisión las miramos porque (lo demostraron las encuestas) las pausas publicitarias son un alivio maravilloso después del espectáculo de los políticos charlatanes, los cadáveres ensangrentados arrojados por distintas razones en distintas partes del mundo y las películas de época, que nunca se saben de qué van porque son interminables teleseries (nos olvidamos no sólo de lo leído, sino también de lo visto).

La Arcadia existe ya sólo en los anuncios. Allí habitan mujeres hermosas, hombres fantásticos, niños felices y ancianos de mirada serena, generalmente con gafas. Para el entusiasmo continuo les basta con un flan en un envoltorio nuevo, una limonada de agua pura, un spray contra el sudor de pies, papel higiénico impregnado con olor a violeta o un armario, aunque tampoco haya nada extraordinario en él, aparte del precio. La expresión de felicidad en los ojos, en toda la cara, con la que una refinada belleza contempla ese rollo de papel higiénico o abre ese armario como si fuera la puerta de Sésamo, se contagia por un instante a todo el mundo.

En esa empatía quizá haya también envidia, quizá hasta un poco de irritación, porque cada uno de nosotros sabe que no sería capaz de alcanzar ese estado de éxtasis bebiendo esa limonada o usando ese papel, que no podemos entrar en la Arcadia, pero esa atmósfera luminosa tiene su efecto.

[...] No es mejor estratega el que sabe que hay que sorprender al adversario para vencerlo, sino el que sabe cómo hacerlo.


Provocación (One Human Minute), Stanislaw Lem

1 comentario:

Aylandara dijo...

El cómo, siempre importa enormemente el cómo..
Un abrazo.